De tan corta la vuelta ya se vuelve eterna, de tan largo el camino ya se hace siempre el mismo.
Porque no hay tienda de campaña que quede sin estrenar, porque lo que nace es nuevo y a la vez antiguo, o no va nadie o va mucha gente que deja de ir luego.
Y quizás cambien las reglas pero siempre queden siempre los rectos. Y quizás cambien las reglas pero porque cambio de dueño.
Y ante cada inminencia nueva se agitan hordas ansiosas de novedad. Y ante cada recinto reciclado todos gozan sin parar.
¿ Pero no reconocen la repetición? ¿No saben en que momento iniciaron su crucifixión?
Permitiría ofrecer mis servicios ante cada usuario perdido entre tantas calles desiertas, permitiría pedir-pedirme de mil formas diferentes ese bien preciado e innecesario, ese trozo de vida que muchos llevan en sus bolsillos.
Sabiendo que sin embargo, llegamos y nos iremos sin el.
¿Entonces porque digerirlo?, entonces las partes del cemento son de todos y cada uno de los transeúntes.
Algunos espacios conglomerados, algunos, simplemente olvidados.
Ese es el destino del negocio, el desarrollo imposible ante la minima capacidad de ese mercado, ante la minima necesidad de ese electorado.
No te crispes, no te ahuyentes, otra temporada puede traer nuevas alianzas, nuevas crianzas de gastos marchitos.
Porque siempre hay tiempo para oprimir, nunca dejes que tu chiringuito deje de fluir.
¿Cuál es la opresión significativa?
Aquella que cultivas sin ninguna otra opinión.
¿Cuál es el fin último de los tiempos tempestuosos?
Cuando parten de simples quehaceres, se pierde motivación.
¿Dónde empezar a empezar? ¿Cómo terminar de terminar?
El hecho complejo se manifiesta en situaciones dispersas de inquietudes inacabadas.
Simple auto reproche comunicativo excluyente y sin sentido.
¿Y cuál es el teorema que se busca develar?
La vida no consta de atajos determinados desde afuera, por lo tanto busco en el entrepiso, ya no acepto los ruidos de los vecinos.
Y no soy socio de nada ni de nadie, y la energía de mis sistemas difiere del correcto funcionamiento.
Y ya no quiero recurrir al tercer signo, estrategia del pasado, nunca funciono tampoco, de manera eficiente.
Entonces debería escribir y describir, ¿o debería resurgir para volver a morir?
Debería distinguir, dos caminos de un hechizo.

Debería comprenderme, para no asustarme de mis propios trastornos, para no frustrarme con mis propios entornos.

Botella en mano, vidas en vano.
En el gran teatro siempre hay fuego de gente durmiente.
Pierden el labio con sus vidas en crisis en medio de la sustracción regional, fenómeno espacial para rotar la divergencia del cambio por cristales diferenciales.
Ser inmortal pero no decadente, símil familia que quiere escapar amortiguándose en estilos lumpen.
Casi se salvan, pero esta vez una semana se va…
Y llegas y te cruzas, una fabrica inventas, la canción de tus vanidades, la cabida en tus lugares.
Cuando todo lo que haces, se divierte en interés, buena suerte extenuando, la energía controlando.
Huesos dolorosos, el músculo permanece indiferente ante el quejido de la sangre.
Quizás duela por verdadero, por verdadero infierno verde que rueda.
Por salvavidas de fin de mes, por estragos conscientes a tu inconsciente.
Muerto en vida en el sofá, indiferencia de estomago complacido, corriente independiente de estigma sufragante, liquido de este tiempo deformado ante la insignia de la costumbre.
Liquido complaciente de termino inexistente.
De personaje carente de lealtad subyacente de personaje con linaje raro, inacabado, transparente.
Asistido por lugares corrientes, comprobando la fiereza de esa estrella trucha, que simula la noticia. Pero todo se bifurca cuando se aleja ese mundo conocido a conocer, desconocido a complacer, con frío de ganar, con calor de rescatar.
No tiene fin, no tienen fines, donde esta la razón?
La aventura contamina, la locura que extermina la suerte de volverse incontrolablemente perjudicial para tu propia salud mental y corporal, de volverte incomprensiblemente inadaptado en general, pero adaptado a tu lealtad.